Soy Nicolás, tengo 23 años y quiero contarles como empecé a tener relaciones con hombres hace apenas unos dos meses, específicamente con un hombre llamado Marcos.
Siempre he salido con chicas, si bien no fueron demasiadas, hasta entonces estaba muy conforme con mi vida sexual. Hace un año y medio conocí a Romina en un curso de la facultad, y empezamos a salir. Si bien su cuerpo no es gran cosa, tiene una cara hermosa, es bien flaca y su cola es envidiable para muchas de las mujeres que conozco. En un principio solo se trataba de sexo, con relaciones de lo más calientes, como nunca antes las había tenido, y de a poco nos fuimos enamorando. Pero mientras el amor crecía el sexo empezaba a volverse cada vez más rutinario. Siempre las mismas posiciones en los mismos lugares de la casa y casi a la misma hora. Todo era muy tedioso, al punto de que ya casi no teníamos sexo.
Entendía que la relación se estaba desgastando, hasta que un amigo me comento la posibilidad de buscar una nueva compañera, ya que según dijo le había llegado el rumor de que Romi ya lo había hecho.
Si bien ella lo negó rotundamente, alguien me confesó que una noche había visto a mi novia a los besos en un boliche con Marcos, un chico un par de años mayor que yo al que conocía de la pileta de la facultad. No sabía quien estaba diciéndome la verdad, pero sabía muy bien que Romi de no estar conmigo seguramente se hubiera sentido atraída por ese hombre fuerte bastante más alto que yo, con el cuerpo bien moldeado por el gimnasio y un mito que hablaba muy bien de su parte más íntima. Entonces empecé con mi trabajo de investigación, revisaba su celular cada vez que podía, la seguía los días en que no nos veíamos y preguntaba a uno de mis amigos si se había enterado de algo. Y así fue como una noche, algunas horas antes de ir a mi casa descubrí que había entrado en un edificio que no era el suyo ni el de ninguna de sus amigas más íntimas. Después de que entraron al ascensor pude ver que subían hasta el décimo piso. No tuve que pensarlo demasiado, justo en frente había otro edificio, por lo que esperé a que alguien entrara para mandarme detrás y tomar el ascensor directamente hasta la terraza.
La suerte estaba de mi lado, justo en frente de mi vista se prendía una luz, y entre las cortinas abiertas pude ver lo que más temía, Marcos abrazaba por detrás a mi novia y se fundían en un largo beso que incluía manos por cada rincón de sus cuerpos. Reconozco que llore intentando no hacer ruido (lo único que faltaba era que me descubran espiándolos llorando a escasos 4 o 5 metros desde una terraza). Quizás lo mejor hubiera sido irme y romper con Romina al día siguiente, pero tenía que ver hasta donde llegaban.
Al acercarme de nuevo pude ver el culo de mi novia acostada sobre Marcos, mientras este le enterraba su lengua en la concha y ella seguramente estaría chupándosela a él. Así permanecí toda la noche, llorando mientras veía a mi propia novia siendo poseída salvajemente por ese gran hombre, en posiciones que yo ni siquiera conocía y durante mucho más tiempo del que yo podía aguantar.
Esa noche y por algunos días decidí poner una excusa para no vernos. Y apenas un par de días después del incidente no pude evitar encontrarme con Marcos en el vestuario de la pileta. Me saludó como cada vez que nos veíamos, y quise golpearlo allí mismo, pero me contuve. Nunca hablábamos demasiado, pero al ver mi estado decaído se animó a preguntarme que me pasaba.
– Nada. Contesté. –Problemas con algunas materias.
-Tranquilo, dijo Marcos apoyándome una mano en el hombro antes de que pudiera escapar. Hay cosas mucho más importantes. Si querés podemos ir a casa y te presto mis apuntes de los años anteriores, por ahí te puedo dar una mano.
No podía creerlo. El amante de mi novia me estaba ofreciendo ayuda, y lo peor es que en verdad la necesitaba.
Fuimos hasta su departamento antes de que anochezca, y al entrar tuve que contenerme para no volver a llorar viendo el sillón donde algunos días atrás mi novia había tenido tantos orgasmos y la terraza desde donde yo la observaba.
Sin demorarse me dio los apuntes que necesitaba y anotó los nombres de profesores que me serían de utilidad. Al terminar me invitó con un tequila que le había sobrado de la noche anterior.
– Este idiota se está cojiendo a mi novia y quiere reírse en mi cara. Pensé. Pero no podía ser tan desagradecido, y después de que insistió un par de veces acepté.
Pronto salió el tema de novias, y el comentó que estaba viendo a una chica muy linda y caliente. Quise romperle la cara ahí mismo, pero era mucho más fuerte que yo, y no se bien porqué pero le pedí que me diera más detalles. Quizás Marcos ni siquiera sabía que Romi era mi novia.
Así me contó cuanto le gustaba a esta chica chupársela hasta sacarle toda la leche y lo bien que lo hacía, la cantidad de orgasmos que podía tener cuando él le enterraba la verga violentamente y lo fuerte que gritaba cuando se la enterraba en el culo (lo cual a mi me decía que solo haría cuando estuviera lo suficientemente caliente). Cada vez que decía esto se tocaba la verga que se le empezaba a poner dura debajo del pantalón de tanto manosearla. Y sin siquiera preguntarme se levantó para poner un dvd que según dijo solía ver con su chica mientras lo hacían.
Evidentemente la situación se me había ido de las manos, el estaba un poco descontrolado y cuando volví a mirarlo no tuvo reparos en sacar su verga y empezar a masturbarse. No había visto muchas, pero esa era sin dudas la verga más grande que conocía. No se bien cuanto medía, pero seguramente estaba alrededor de los 20 centímetros, bastante más que mis 16 que de a poco empezaban a agrandarse a pesar de que yo no lo quisiera.
– Podes tocarte vos también, no me vas a dejar solo. Dijo.
Tímidamente la saque y empecé a masturbarme yo también, avisando antes que no la tengo tan grande como él.
– No hay problema, lo importante es saber usarla. El tamaño solamente importa cuando te tocas. Se disfruta mucho mas pajearte cuando la tenes grande.
Me pregunté como sabía eso, pero antes de seguir pensando me tomó de la mano y la llevo hasta su verga enorme.
– Así, despacito para arriba y para abajo. ¿Ves que lindo es tocar una bien grande?
No podía creer lo que estaba haciendo, pero sin embargo asentía y seguía sacando y ocultando su glande con la mano, sin dejar de mirarla.
De a poco se fue acercando hasta a mí y cuando ya la tenía muy cerca de mi cara me tomó por la nuca llevándome hasta su verga, la cual sin pensarlo demasiado empecé a chupar. Si bien nunca lo había hecho sabía muy bien que volvería a hacerlo, y de a ratos se me cruzaba la imagen de Romina chupando esa misma verga, y casi entendía su engaño, cómo iba a desaprovechar la oportunidad de chupar semejante aparato.
– No sabía que te iba a gustar tanto Nico, me dijo entre gemidos. Pero para un poco porque me vas a hacer acabar.
Obedeciéndole la saque de mi boca y me dejé arrastrar hasta su habitación. Una vez adentro me empujó en la cama, y poniéndose atrás mío me bajó los pantalones y enterró su lengua en mi culo. No puedo contar el placer que sentí, solamente puedo recomendarlo muchísimo. Seguramente Romina gozaba tanto o más con esa lengua cada vez q se le metía en la concha, pero eso ahora no importaba. Después de chuparme un rato me fue metiendo un dedo lleno de aceite, después otro y al final tres. Ya estás lista, me dijo. Y acostándose sobre mí la dejó ir despacito, cuidando de no lastimarme mientras me decía al oído que aguante a que entre toda. De a poco empezó a moverse y supongo que animado porque yo también movía la cola arrancó con un buen ritmo que me estaba volviendo loco. Lo estaba disfrutando muchísimo, y no creí que el placer pudiera ser mucho mayor, hasta que acercándose otra vez a mi oído me dijo:
– Que apretadito que tenes el culo lindo. Yo pensé que no había uno mejor que el de tu novia, pero veo que me equivoqué.
Fue como la chispa que me encendió el cerebro. De golpe me movía más rápidamente intentando que el la entierra cada vez más hasta el fondo, y un poco descontrolado por la situación le rogaba que me diera más fuerte. Estuvo taladrándome un rato y recordándome que así gritaba también mi novia al ver que eso me excitaba cada vez más. Hasta que antes de acabar me dijo que Romi le pedía la leche en la boca. Sin decir nada me dí vuelta y me acerque para que vaciara todo su semen en la boca, y después de saber que ella lo tragaba hice lo mismo, con lo cual pude saborear aun mas ese líquido que nunca creí tan rico.
Nos despedimos después de que el me pidiera perdón por hacerme sufrir con lo de Romi, a lo que yo contesté que más bien me había hecho gozar, y los dos reímos.
Nos volvimos a ver muchas veces hasta el día de hoy sin que mi novia se entere de mi relación con él, ni tampoco de que estoy al tanto de lo que hacen juntos, y créanme que el sexo con Romina ha mejorado. No hay nada más caliente que Marcos me coja sabiendo que algunas horas atrás esa misma verga estuvo adentro de todos sus orificios.

Por: Nicolás