Hola! Me llamo Sebastián, tengo 25 años y la historia que les contaré me sucedió hace 11 años, cuando por primera vez tuve relaciones con mi padre

Soy bisexual, pero entrando en la adolescencia despertó en mí la curiosidad de tener sexo anal, de ser yo quien fuera penetrado.
A mis 8 años de edad mi madre murió en un accidente automovilístico, quedando solo con mi padre, no tenía hermanos era hijo único, pero mi padre decidió mandarme a vivir con mi tía, hermana gemela de mi madre, ya él no se sentía preparado como para cuidar de mí y además trabajaba en ese tiempo como constructor.
Mis tíos no pueden tener hijos, por lo que fui bienvenido.
Entré al colegio y todo eso, además, en las vacaciones, me la pasaba con mi padre, pero eran demasiado aburridas ya que nuestra comunicación no era muy grata.
Cuando tenía 12 años de edad estaba en mi habitación en casa de mis tíos, ya era pasada la medianoche pero me dio una sed tremenda, así fue que me levanté de la cama y fui a la cocina por un vaso de agua; al pasar por la habitación de mis tíos escuche ruidos extraños que provenían desde su cama, abrí la puerta lentamente, sin hacer ruido, y vi a mi tía teniendo relaciones con su esposo; fue algo perturbador, pues nunca había visto algo parecido, solamente en películas donde simulaban tener sexo. Aguanté la respiración como pude pero mi corazón latía muy fuerte. Como dije, mi tía es hermana gemela de mi fallecida madre, sólo que está un poco rellenita y tiene caderas anchas; mi madre era todo lo contrario, delgada y muy bella; la familia de mi madre tiene ascendencia polaca, todos ellos son blancos y altos, algunos de cabellera negra y otros de color rubio como mi madre y mi tía. Toqué mi pecho presenciando ese espectáculo sexual, la habitación estaba oscura, sólo los iluminaba una pequeña lámpara que tenían a un lado de la cama. Pude ver como mi tía tomaba el pene de su esposo y lo metía en su boca, lo chupaba como si fuera una paleta. Al ver el pene de mi tío me quedé perplejo, era enorme; me excité un tanto sólo con verlo. Mi tía se puso encima de él y colocó ese miembro en la entrada de su ano, mi tío lo movió un poco y pude ver como ese enorme pene desaparecía por completo en el culo de mi tía, ella hacía movimientos circulares, hacia adelante y hacia atrás; podía ver como ese miembro entraba una y otra vez y mi tía gritaba como loca y se movía cada vez más rápido, mientras que mi tío golpeaba sus enormes nalgas. Yo estaba completamente sudado y mi corazón parecía explotar. A partir ese momento, mi curiosidad por tener sexo anal comenzó.
Meses después, cuando estaba sólo en casa, me ponía a ver películas que, si bien no eran porno, tenían escenas de sexo y me imaginaba que yo era la chica y era tío quien me follaba. Cada vez que veía esas películas me excitaba demasiado, así fue que empecé a acariciar mi ano, no me animaba a meterme el dedo porque me dolía cuando lo intentaba, pero una noche me excité demasiado, me desnudé por completo y empecé a acariciarme el ano, puse mucha saliva y en una de esas entró mi dedo sin nada de dolor, era algo extraño pero me sentía feliz porque había logrado penetrarme. Desde ese momento me masturbaba analmente todas las noches antes de dormir pero no me metía cosas grandes, solo un dedo y mi cepillo de dientes como máximo. Otras veces pasaba cerca de mi tío y me sentaba en sus piernas para sentir su pene, era algo magnífico sentir esa enorme cosa en mis nalgas, pero nunca se me hizo con él.
A los 14 años, como ya era costumbre, tenía que pasar las vacaciones de verano con mi padre, mi tía siempre se ponía mal cuando me veía partir. Ese día llegó, yo ya estaba listo para ir hacia mi verano más aburrido. La molesta bocina de la camioneta de mi padre sonó, así que tomé mis cosas y me despedí de mis tíos, mi tío se ofreció a llevar mi maleta a la camioneta dado que mi padre ni siquiera se bajó. Salí yo primero de la casa y él venía muy cerca detrás mío, solté mi mochila a propósito para agacharme a recogerla, y fue cuando embistió su pene en mi culo haciéndome caer al suelo por el golpe, mi padre me observó y dio una enorme carcajada (él es algo chaparro con una barriga y barba que le dan muy mal aspecto), me levanté como pude y me subí a la camioneta.
Todo el viaje fue silencioso, yo le guardaba rencor a mi padre por no hacerse cargo de mi, por
mandarme con mis tíos. Él hacía preguntas típicas sobre cómo me iba en el colegio y todas esas cosas.
Tenía una casa justo a las afueras de un pequeño pueblo de México, por Puebla, no recuerdo bien. Estaba rodeada por montañas muy grandes, a él siempre le gustó vivir alejado de las ciudades.
Cuando llegamos tomó mis maletas y me abrió la puerta de la camioneta, bajé de inmediato y entré a la casa, me sorprendí al ver a dos personas en la entrada: eran una muchacha de 16 o 17 años y su abuela, encargadas de mantener la casa limpia. Mi padre me presentó y las saludé amablemente. Por la forma en la que mi padre miró a la jovencita pude deducir que eran amantes, aunque fuera una menor de edad, pero tenía muy bonito cuerpo y parecía de 20, no de 17.
Me dirigí hacia la sala y pude observar un cuadro con el retrato de mi madre, nunca lo había visto, creo que lo mandó a hacer poco tiempo antes. Pude contemplar a mi madre por un buen rato, pero el molesto comentario de la muchacha arruinó el momento: –es muy parecida a usted, joven—me dijo. –Claro es mi madre, que esperabas?—respondí con un tono serio. Ella se retiró de inmediato y tomé mis maletas para colocarlas en mi habitación. Cuando subía las escaleras pude ver como mi padre sujetó el trasero de la jovencita y ella solo sonrió, no podía creer como manoseaba a la muchacha frente al retrato de mi madre, me daba un poco de rabia que no la respetaran.
El tiempo pasó y las encargadas de la limpieza se retirarían ya que mi padre les dio una semana libre, así es que estaría solo con él.
Había una enorme piscina en el patio pero nunca me metía. Un jueves mi padre me invitó a nadar pero me negué, subí a mi habitación y pude observarlo por la ventana de mi cuarto. El tenía barriga pero no se veía obeso, solo un poco y además tenía fuertes brazos, producto del trabajo, podía ver como salía todo empapado y dirigí mi vista hacia su pene que era muy notorio pero era pequeño a comparación de mi tío pero aun así se me antojó. El salió de la piscina y entro a la casa, bajé de inmediato y me ofrecí a secarlo con la toalla, sólo me observó de manera extraña pero me dejó hacerlo. No podía aguantar y acariciaba su cuerpo discretamente. Llegó la tarde y él empezó a beber, yo solo veía televisión. Cuando obscureció mi padre se ofreció para cocinar la cena pero yo no tenía hambre, así es que subí a darme un baño, tomé lo necesario pero dejé la toalla para que mi padre me la llevara. Entré a la regadera y me empecé a bañar. La regadera tenía un puerta de cristal transparente. Le grité a mi padre para que me llevara la toalla, él ya estaba algo tomado pero no lo suficiente, entró al cuarto de baño y yo estaba de espaldas aun bañándome, lleno de espuma y pude sentir que mi padre me observaba, así que tallé mis tobillos para que contemplara mi trasero; él me observó por un rato y me dijo. –voy a comprar más cerveza, quieres algo para ti? –No, no necesito nada gracias—le respondí. Salió y yo me enredé en la toalla, pensé que se ofrecería a secarme como yo a él pero no fue así, me dirigí hacia mi habitación y escuché su camioneta irse. Entré a su cuarto para revisar sus cosas, pero no encontré nada de pornografía, estaba a punto de retirarme y pude ver su laptop, sin pensar la revisé, por fortuna sus documentos no tenían contraseña. Revisé unos videos que tenía y pude observar que le gustaba el sexo anal, ya que todos eran de esos, revisé las fotos y tenía un sinfín de imágenes de sexo de todo tipo, pero pude observar algunas más, me sorprendí al verlas, eran él y la muchacha teniendo sexo, tal y como lo pensé eran amantes, escuché la camioneta llegar, salí de inmediato dejando todo como estaba y me metí en mi cama. Pude notar que había fuertes vientos y relámpagos señal de que se avecinaba una tormenta. Ya era más de medianoche y los truenos eran muy fuertes, era la excusa perfecta para dormir con mi padre, no planeaba nada más, solo quería tocar y sentir un pene real en mis manos. Entré a su habitación y pude notar que estaba usando su laptop repleta de pornografía.
–Que quieres?—me preguntó. –Puedo dormir contigo? los truenos y relámpagos me dan miedo—respondí.
Él solo hizo una mueca de disgusto y no lo culpo, lo interrumpí cuando veía su pornografía.
La noche transcurrió y padre terminó completamente dormido y me abrazó, yo solo llevaba un pequeño short y una playera grande. Me coloqué en posición fetal y deslicé mi mano hacia atrás, pude sentir la cabeza de su pene y la apreté suavemente por encima de su trusa, la sensación era increíble y mi corazón empezó a latir muy rápido. Ya estaba muy excitado así es que coloque mi trasero en su pene que aun no estaba erecto y lo empecé a mover lentamente, era algo increíble, algo que tanto deseaba por fin lo tenía. El me abrazó con fuerza y empezó a moverse como si me penetrara, yo estaba a mil, hasta que susurró “Vanessa”, quien era la muchacha, él estaba dormido soñando con ella, eso me molestó un poco y le di un codazo en el estómago, se despertó de inmediato y pudo sentir que yo estaba muy cerca de su pene. –que es lo que te ocurre?—me preguntó. Yo me congelé demasiado, me pilló sobando su pene con mis nalgas, tragué un poco de saliva y la fuerza necesaria para decir. –Yo… solo quiero saber cómo sabe uno—le dije algo nervioso. –un pene?—preguntó. –Si, un pene—le respondí sin verlo a los ojos. –Así es que eres una nenita?—me dijo, soltando unas carcajadas. –No, yo solo quería…— –tranquilo, vi todas las señales, el choque con tu tío, como observabas mi pene cuando no miraba y además cuando te duchaste prácticamente me hacías una invitación—me dijo, sujetando mi barbilla para que lo observara. –entonces no estás molesto?—le pregunté. –para nada ya he tenido sexo son hombres—me respondió. Su respuesta me dejó helado, estaba claro que era bisexual o algo así. –tranquilo, solo relájate—me dijo dándome un delicado beso en la frente. Acto seguido sujetó mi cabeza y me dirigió hacia su pene suavemente. –haz lo que quieras, solo ten cuidado con los dientes—me dijo colocando sus brazos bajo su nuca para relajarse. Yo bajé su trusa suavemente y pude ver su pene salir, era pequeño, solo 8 cm. Me acerqué para olerlo, era un olor asqueroso pero no desperdiciaría esa oportunidad, rocé su glande con la punta de mi lengua para acostumbrarme, después lo empecé a lamer más y más, el olor desapareció pero el sabor era salado, seguí lamiendo y recordé como mi tía se metía el pene de mi tío y lo succionaba. El de mi padre cabía en mi boca, así que era fácil succionarlo; además recordé el movimiento que hacia mi tía y lo repetí, sujeté su pene con mi mano y lo empecé a frotar de arriba hacia abajo mientras lo succionaba. El pene empezó a tomar más tamaño, ya no cabía en mi boca, solo cabía la puntita y la succionaba a más no poder, si antes medía 8 cm, ahora media como 16 o 18 cm, pero era algo delgado, no era tan grueso como el de mi tío; yo seguía succionado y salía el liquido pre seminal, al principio me dio asco el sabor ya que era viscoso, pero después de un tiempo me lo tragaba todo y deseaba más de ese néctar de placer. Podía escuchar los gemidos de mi padre.
–Que rico lo haces para ser tu primera vez putita—me decía. Yo solo seguía lamiendo su pene y después sus testículos. Me alejó de su pene diciendo que no quería venirse aún, se levantó y me abrazó, intentó besarme pero yo evadía los besos que me daba en la boca, se percató y me besó el pecho. Encendió una lámpara que estaba cerca su cama, hizo que me acostara y me quitó el short, empezó a lamer mis piernas e ingles, yo me ponía como loco, totalmente lleno de sudor.
Sujetó mis piernas y colocó mis rodillas en mis hombros, dejando al descubierto mi pequeño ano, y lo empezó a lamer. –Oye, espera, tengo miedo—le dije, deteniéndolo. –Tranquilo, te gustará ya verás—me dijo, lamiendo mi ano por completo. La sensación era increíble, sentía su lengua en todo mi culito, era magnifico. El escupió mi ano y empezó a meterme su dedo índice, el dedo no tardó nada en entrar ya que prácticamente yo me masturba analmente. –Vaya, al parecer tu culito ya está entrenado—me dice algo sorprendido. Empezó a mover su enorme dedo dentro de mi ano y yo estaba mordiendo mis labios de placer. Su dedo entraba y salía sin dificultad pero unos gases salieron de mi ano, yo me puse rojo de pena. –yo no quería… no lo pude controlar —dije muy apenado. –Descuida, eso es buena señal, quiere decir que tus intestinos están limpios y que tu esfínter esta relajándose—me dijo. Eso me tranquilizó un poco y metió su pulgar en mi orificio, después de un rato de estarme dando con dos dedos me dijo que la pasara una pomada que tenía cerca de un cajón, se la pasé como pude colocó una buena cantidad en su dedo y me penetró con eso, era extraño porque sentía que esa pomada me quemaba por dentro pero me gustaba, al parecer era para dar más sensibilidad, y vaya que lo lograba, después se quitó su camisa y embarró su pene de esa pomada, yo ya sabía que era lo que seguía. Colocó la punta de su pene en la entrada de mi culo y empujó suavemente, podía sentir como entraba. –¡ooh… dios…!—exclamé cuando la puntita entró. –Tranquilo, ya verás que pasará, solo relájate—me decía para tranquilizarme. –Por… favor…despacito…papi—le decía con vos temblorosa. Pude sentir su verga entrar pero no era toda, solo era la mitad y se quedo inmóvil para que mi ano se acostumbrara. Estuvo así por un rato, me quitó la camisa de un jalón y se recostó sobre mí, quedando en pose de misionero. Yo sujeté mis piernas en alto para que mi ano estuviera totalmente abierto, él empezó a moverse lentamente de adelante hacia atrás penetrándome, yo podía sentir como mi ano se amoldaba a su deliciosa verga, el dolor empezó a disminuir, por suerte esa pomada también era lubricante. Después de un rato de lentas embestidas el subió la velocidad un poco pero aun no metía toda esa enorme verga, solo eran 12 cm los que me penetraban, aun faltaban 6 más que ya estaba empezando a desear. Sus movimientos ya eran algo rápidos, yo me cansé de sujetar mis rodillas y lo tomé por la espalda abrazándolo, el tomó mis piernas y las levantó de nuevo mientras me susurraba al oído. –te gusta nena?– –me encanta papi—respondía como podía debido al placer que me causaba.
El besaba mis orejas y cuello, cada vez que me mordía y besaba el cuello, yo gemía como perra ya que era mi punto excitante. El sujetó con fuerza mis piernas y de un solo golpe me penetró con toda su verga. –¡Oohh… diossssss…!—grité, arañando su espalda. –eso le encantaba a tu madre—me dice. –qué?—pregunté algo confundido porque hablábamos de ella en este momento. –sí, eres muy parecida a ella hasta en el sexo, lástima que fuiste hombre, ambos tienen un gusto por el sexo anal—respondió. Yo lo volteé con fuerza, me coloqué encima y sujeté sus muñecas con fuerza. –Yo haré que la recuerdes—le dije al oído. Coloqué su verga en la entrada de mi culo y lo dirigí lentamente para que me penetrase, de un movimiento entró todo su pene y recordé los movimientos de mi tía. Me empecé a mover de adelante hacia atrás y también hacía círculos. –Te gusta cómo me muevo, papi?— –dioss… que puta eres cariño—me respondía como podía. Yo solté sus muñecas para sujetarme del borde del colchón para dar más velocidad a mis movimientos, él empezó golpear mis nalgas. –Te encanta perra?– –¡por favor papi, no te detengas sigue… sigue… por lo que más quieras!—le gritaba. Nuestros gemidos y gritos se mezclaban con los relámpagos, por fin entendí por qué mi tía gritaba de esa manera cuando follaba con mi tío, es realmente increíble esta sensación. Ya no soportaba más, estaba a punto de venirme, sujeté la cama como si me fuera la vida en ello y manché con mi semen la barriga de mi padre, debido al movimiento de presión que hizo mi culo ya no aguantó mas y terminó en mi culito, pero su verga aun se mantenía erecta, me volteó, nos pusimos de costado y empezó a besarme el cuello mientras me penetraba, estuvo así por un rato y yo sentía que me corría de nuevo pero ya no salía semen, sólo era esa grandiosa sensación de orgasmo, mordí mis labios con fuerza pero mi cuerpo se empezó a estremecer de manera rara por el orgasmo, mi padre me abrazó con fuerza para que no me cayera de la cama y se corrió en todo mi pecho, eran litros y litros de semen en mi cuerpo, yo estaba demasiado cansado y mis piernas temblaban tanto que no podía pararme, mi padre me cargó y me duchó porque yo no podía estar de pie.
Así fue como tuve mi primera experiencia anal, y al recordarla aún me excito demasiado.

Enviado por troletti

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