Recientemente los doctores han revelado que tienen evidencias de fetos masculinos y femeninos masturbándose en el vientre de la madre. O sea, que las pajas son inherentes al ser humano.

Yo me pajeo desde que tengo uso de razón y hace poco, el día de mi 60 cumpleaños, me hice una de las pajas conmemorativas más ricas de mi vida. A mi mano derecha la llamo Manuela y ha sido la que mas placer me ha dado en la vida, nunca me ha fallado, siempre dispuesta, a cualquier hora.

He jugado a pajearme en distintos ambientes, situaciones y lugares: En un bus interprovincial, en mis trabajos, en la terminal de trenes, en el váter de la iglesia, en lo alto de las montañas (fui alpinista), en lo profundo de una cueva, en la alberca… en infinidad de lugares. Una de las pajas más sensacionales fue cruzando el Atlántico en un súper jet a 35 mil pies de altura (si mal no recuerdo). También me pajeé varias veces cruzando el Atlántico en un trasatlántico de lujo, de manera que el océano Atlántico lo tengo “marcado” por cielo y agua.

Pero no solo de pajas vive el hombre. Desde muy joven he mantenido relaciones sexuales con hombres y mujeres por igual y durante muchos años con mi esposa a la que he enseñado durante 30 años a hacerme unas pajas estupendas. Así es que la paja no ha sido un escape sino que tiene derecho propio como parte de mi vida.

Y hablando de quienes me han hecho el favor de pajearme, ya les he hablado sobre mi esposa pero también fue mi amigo-vecino Juanelo, que me enseño prácticamente todo lo que supe de sexo hasta mi adolescencia. Juanelo comenzó conmigo yo creo que cuando tenia yo unos tres años y lo hizo hasta los 14. No solo me pajeaba, también aprovechaba para hacerme otras cosas. Recuerdo también a varios profesores varones (muy serios y discretos) tanto en la secundaria como en la preparatoria. Varias novias (casi todas las que tuve), dos curas (uno católico y otro protestante), un ruso y dos americanos. El mas joven de mis amantes, Juanelo, que tendría unos 5 años y el mas viejo un ancianito que me pidió de favor que lo dejase, pues no quería morirse sin hacerlo una vez mas. Tenia como unos 98 años y lo hacia muy bien.

Las mas sensacionales que me hicieron (fueron varias) me las hacia un amigo y pareja sexual, el único hombre que estoy seguro de haber amado en esta vida, su arte era tan fino que me provocaba orgasmos múltiples. Él podía chapármela y pajearme por horas!!

Algunas pajas me las hicieron en contra de mi voluntad: Juanelo la primera vez, un señor en el cine en complicidad con otro tipo cuando yo tenia 14 años; dos viejos maricones (sin ofender) que me apretujaron en un taxi durante un viaje de varias horas por la noche y un amigo de mi edad en la playa, casi delante de todo el mundo.

También he pajeado a algunas personas (hombres y mujeres) y algunas veces me he esforzado por hacerlo bien. Por supuesto, el primero fue… si, adivinaron: Juanelo! Pajeé también a uno de los curas que les mencione arriba, al ruso y a un árabe que ni siquiera era gay, pero que me tenía mucho aprecio y yo fingiendo estar borracho me colé en su cama y no le dejé dormirse hasta que me dejó sacarle la leche. Al día siguiente le pregunté que quien me había llevado a su cuarto y por qué y él como todo un caballero me explicó que yo estaba borracho y que el me había recogido. Sobre la paja, ni la mencionó, nunca!

La paja más sensacional que hice fue a una novia durante una clase de Historia. Le provoqué un tremendo orgasmo solo acariciándole la palma de la mano!!! Algunos compañeros lo notaron y disfrutaron en silencio y ese acto me dio mucha popularidad en el grupo. Tenía entonces 15 años.

Y bueno, aquí voy a terminar. Ahora me han dado ganas de masturbarme…y no soy de los que me gusta quedarme con las ganas!

Espero haberles entretenido con este escrito y termino jurándoles que todo lo que les cuento sucedió en realidad (y mucho mas que he omitido para no aburrirlos).

¡Que vivan las pajas!

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