Era verano, y como cada verano, mis padres alquilaron un apartamento para un par de meses cerca de la costa. Ya despertaba mi bisexualidad, lo que no sabía es que aquel verano iba a explotarla como no podía imaginar…

Hacía tres días que estábamos allí y empezaba a estar un poco aburrido. Nos había costado barato ya que estábamos en un barrio apartado y un poco lejos de la playa. Era por la tarde cuando me senté en el portal a descansar y ver la poca gente que pasaba. Al instante llegó un chaval que iba a entrar al mismo portal y se quedó mirándome unos segundos.

– ¿Jorge? ¿Eres Jorge? – ¿Te conozco? – Soy Erik. Vaya sorpresa.

Erik era un compañero de la escuela que hacía un montón de años que no veía. Era un poco pinta gay y yo era de los pocos amigos que tenía en el colegio. Yo siempre le había gustado, él me lo decía, pero a mi no me motivaba demasiado.

Nunca hicimos nada sexual excepto masturbarnos juntos en los baños del colegio (cada uno con la suya), nos reíamos mucho cuando hacíamos eso y nos lo pasábamos genial.

Que alegría verle. Nos pasamos mucho rato ahí abajo hablando de los viejos tiempos y de las nuevas cosas. Vivía en ese edificio con sus padres desde que se fueron y ahora ya era un gay oficialmente incluso en casa. Yo le comenté también mis amplias tendencias sexuales, nos reímos un rato y dijo:

“¿Recordamos viejos tiempos? En mi casa no hay nadie ahora”.

Yo intuí que se trataba de cuando nos masturbábamos juntos y también pensé que quizá intentaba algo más ahora que estábamos más creciditos y conocía que yo me había abierto un poco más a los hombres.

– Voy a ser sincero. Sé que siempre te he gustado porque me lo decías. Fuimos buenos amigos, no me gustaría estropearlo. – Tranquilo, solo como antes.

Subimos a su casa. Muy acogedora. Nos sentamos en el salón. Sacó de su mochila un DVD y lo puso. Me guiñó un ojo. Empieza la película y era una película gay. La cosa se estaba poniendo caliente.

Él se restregaba el paquete con la mano y yo hice lo mismo. Aún no estaban en acción en la película y ya teníamos unos bultos considerables. Un par de negros grandes y musculosos estaban violando a un rubio muy guapo en unos baños masculinos.

Ya nos la habíamos sacado y estábamos masturbándonos lentamente. Me miró y me dijo: “¡Que cabrón, como te ha crecido desde entonces!”. Yo por no ser menos (aunque no era mentira) dije “Tú si que tienes unos huevotes que han de dar una de leche”… reímos. La escena ya estaba terminando, estábamos en un punto caliente. De repente dijo “Oye, que te parece si…”. No terminó la frase, pero le entendí y le hice un gesto.

Nos acercamos un poco. Él cogió mi pene y yo el suyo. No sé porqué, pero el morbo de que fuera él quien me la meneaba me hizo correrme enseguida. Él gemía y se corrió también, yo le sacudí su pene y casi me lo trago, se lo veía muy exquisito…

Aquella noche pude contemplarlo de cuerpo entero, ya que solo llevaba unas botas altas, un tanga y unos cintos que le cruzaban el pecho con unas tetas de goma, todo de cuero.

Llevaba también una peluca de pelo corto y rosa, y además se había maquillado la cara como una chica. Solo llevaba encima una caperuza con capa de color verde. La verdad es que tenía un buen cuerpo y yo empezaba a confundirme a mi mismo y a preguntarme si buscaría algo más con él. La cuestión era que de momento mi intención era conocer a un hombre con el que había estado chateando y vivía en la misma ciudad donde empezaban mis vacaciones.

Enviado por: Quentaquentos

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